Poesía, sin embargo

El miércoles me encontré por error (¿casualidad?) con una antología de poemas titulada La poesía cubana en 1936 publicada en La Habana por la Institución Hispanocubana de Cultura. Fue recopilada por nadie menos que Juan Ramón Jiménez (1881-1958), laureado Nobel español del año 1956. La verdad es que estaba buscando otro libro mientras actualizando entradas de una bibliografía de la División Hispánica de la Biblioteca del Congreso en Washington, D.C., institución donde ahora mismo estoy en prácticas. Por curiosidad, pinché en el título y encargué el ejemplar.

Seguí por el momento con mi trabajo en el ordenador, esperando que el personal me trajera esta fragata naufragada desde las profundidades de la Biblioteca (o en semejantes términos buceadorescos me lo imaginaba por lo menos).

Al cabo de una hora tuve el libro entre manos y empecé a remar por esta bahía de poesía de alma insular. Después de unos rodeos por ella me saludó un mar de atardecer tan exquisitamente pintado por un poeta del nombre Julio Morales Gómez (nac. 1913):               

La tarde polícroma 

La tarde polícroma

La tarde azul agoniza

en un dorado carmín;

el verde mar se oscurece

bebiendo pigmento gris.

 

Las blancas nubes se tiñen

de plata, lila y salmón;

un suave tinte amarillo

cargan los rayos del sol.

 

En un vaivén de colores

muere la tarde invernal;

el arcoiris se cae

sobre las olas del mar.

Admiro infinitamente la delicadez, gran finura y fragilidad del poema del maestro Morales. Hace 80 años atrás, documenta el deseo del joven poeta de querer escribir poemas con toda la facilidad del apretar de un tubo.

Esta mezcla de oleos, pigmentos y tonos me hizo pensar en un intento propio mío (que no entró en el manuscrito final de Paseos marítimos) de construir un cuadro del atardecer:

“Para el cielo de la tarde

los de azul y salmón colorados                                                                                                                     edificios

son los pasteles

que unto sobre el lienzo.

Empieza a anochecer—

saco mi pizarra.”

–Fragmento de “Atardecer  en Muelle Uno”, poema inédito.

Me alegro mucho saber además que el colega cubano, escribiendo más o menos a la misma edad que yo,  fuera tan marcado por el color salmón de las nubes.

Por suerte, los pintores saben capturar esta fragilidad del cielo en toda su textura, fijando para siempre (según la metáfora hermosísima de Morales) este arcoiris que “se cae sobre las olas del mar” y salvar este instante que la poesía da por perdida.

El hallazgo del tesoro poético de Morales me hace querer alabar y destacar aún más la escena pintada en la portada de mi libro. Si Morales estuviera entre nosotros todavía, le mandaría un ejemplar de Paseos marítimos, para que este atardecer iluminara su estantería.

Un poema tan único como lo de Morales es justamente lo que merece la portada vibrante de este libro.♦

De interés pueden ser también los siguientes enlaces:

Division Hispánica de la Biblioteca del Congreso, Washington, D.C.

https://www.loc.gov/rr/hispanic/sala/

Entrada del catálogo de la Biblioteca del Congreso para La poesía cubana en 1936 

https://catalog.loc.gov/vwebv/holdingsInfo?searchId=16643&recCount=25&recPointer=0&bibId=6904750

Grabacion de Juan Ramón Jiménez leyendo de sus obras en la Biblioteca del Congreso

https://www.loc.gov/item/93842920/

Handbook of Latin American Studies, Bibliografía Anotada de estudios sobre América Latina

http://lcweb2.loc.gov/hlas/

©Geo Nikolov 2016

 

Anuncios

Málaga: Un lugar para entusias mar

10473908_1569781816575411_2630042880641411738_n

Son muchos los lugares que he visitado y que me han fascinado en este año, y a algunos de ellos he dedicado poemas en Paseos marítimos. Son por un lado lugares fijados en un sitio, igual si se estén derrumbando bajo las oleadas, como el Balneario. El nombre mismo de este edificio se ilumina por el globo de luz que es la “o” final, una letra colgada de las terrazas de este templo durante las noches. A la vez otros lugares parecen fijos, y aunque tienen sus nombres puestos, se desplazan, se enredan y confunden sus fronteras de arena (me estoy refiriendo a las playas de la Malagueta, la Caleta y del Palo).

10353654_1569782476575345_132810723482609720_n

Hay también lugares, más allá de los límites de esta ciudad, nada menos entrelazados con ella. ¿Quién, por ejemplo, negará la afición cordobesa por la costa malagueña en verano? ¿Y  a cuál malagueño no le parecería un planazo pasar la tarde en el patio del compañero cordobés, o salir una noche por la Judería? Por estas tierras, dejando al lado los piques entre los pueblos, la gente toma nota de la gaviota; a ella no le importa más darse un chapuzón en el Guadalquivir que en el Mar Mediterráneo.♦

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

 

©Geo Nikolov 2016

 

 

 

Paseos marítimos – “Impresiones” de un año en Málaga

Bienvenidos al espacio web para el libro Paseos marítimos (Mitad Doble – Ediciones del Genal, 2016). Soy Geo Nikolov,  autor del poemario y Máster en Gestión del Patrimonio Literario y Lingüístico Español por la Universidad de Málaga en 2016.

Durante el tiempo que queda antes de la fecha de la presentación del libro en Málaga (el 21 de abril de 2016), me gustaría, para todos los interesados, ambientar el texto en los lugares y las vivencias en que se inspiró.  Partiendo de fotografías, reflexiones, fragmentos y poemas, quiero que atravesemos juntos estos recuerdos tan vivos para llegar a entender mejor las palabras que quedaron impresas en la página.

En este blog también se difundirá información pertinente a los detalles de la presentación del libro y de las maneras de adquirirlo más adelante.

Espero que disfrutéis de estos paseos virtuales por Málaga y otros lugares.